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viernes, 13 de abril de 2018

De entre todas las siglas, mi favorita eres tú


Son muchas las siglas que nos acompañan a día de hoy a los que nos dedicamos a esto de la enseñanza. 
Viñeta de La Seño, ¡me encanta!
TIC, NEE, NEAEA, ABP y ABP; y no es que me haya confundido y haya puesto por duplicado ABP, sino que es que lo tenemos por duplicado. ABP como Aprendizaje Basado en Problemas y ABP como Aprendizaje Basado en Proyectos. 


Hoy vengo a hablaros de éste último, sin duda el que considero debería ser fundamento de nuestra enseñanza, sistema metodológico básico sobre el que construir o añadir los demás.

 Como su propio nombre indica, el aprendizaje basado en proyectos es un metodología innovadora en la que se trabaja una serie de proyectos anuales decididos en común por el claustro y en las que todos los departamentos colaboran aportando contenidos.
No se trata de hacer un ejercicio de recopilación de colecciones de materiales o freír a los niños a actividades pintorescas, sino de decidir varios contenidos significativos para todo el curso que puedan englobar aprendizajes de distintas materias, abordando un mismo tema común pero desde distintas perspectivas, en función de la asignatura que lo trate. Es decir, que si nos proponemos un proyecto basado en el Himalaya, desde la asignatura de matemáticas podamos trabajar magnitudes, números negativos (por aquello de las temperaturas bajo cero), ejes cartesianos,...Que en lengua trabajemos textos relacionados con el tema, alguna lectura a propósito,...En naturales y sociales, contenidos de localización geográfica, climatología, características de la población,...Educación física y música, preparando danzas, cantos e instrumentos propios de la zona. Y en plástica, podemos decorar con motivos propios del contenido zonas comunes del centro.
Como veis, es un tipo de aprendizaje muy significativo, puesto que un mismo tema se trabaja desde diversos ángulos y por tanto se refuerza el conocimiento de la materia propuesta. Pero personalmente, lo que considero más interesante de cara a profesores y alumnos, es que los primeros se nutren unos de otros, colaborando en la elaboración de contenidos, en la selección de materiales apropiados y explotando al máximo su creatividad, algo que en ocasiones se oxida si uno se centra en el triángulo libro-pizarra-cuaderno. Y para los alumnos es estupendo, porque entienden por qué y para qué sirven las asignaturas, no solo se centran en qué deben saber para aprobarlas. Y esto último me parece fundamental: entender para qué aprendemos, en qué nos va a ayudar en nuestra vida. 
Recuerdo cuando dejé de interesarme por las matemáticas (allá por cuatro de la ESO), y fue
precisamente porque deje de verles la utilidad en mi vida, y simplemente me desmotivé.

Por otro lado, el desconocimiento que se produce entre los docentes cuando se emplea la metodología convencional es preocupante. La mayor parte de profesores, desconocen qué está dando su compañero en el aula de al lado. ¿Y si resulta que tu sabes un montón de eso y tienes mil cosas que aportar? Pues como no sabes qué está dando, ni tú lo cuentas ni ellos ganan en conocimiento. En ocasiones, también ocurre que uno lleva años pegado a su libro de texto (maravilloso seguramente, pero limitado), y está escaso de ideas frescas, aún más escaso de tiempo para preparar actividades y a lo mejor hasta algo quemado. Y ahí es donde nos viene estupendo un ABP: nubes de ideas, mentes pensantes trabajando en cooperativo, y creatividad al poder para enganchar a nuestros alumnos a ese tema fantástico que les estamos preparando. ¿Y si convertimos el pasillo en una selva y trabajamos el Amazonas? ¿O recreamos Hogwarts y venimos un día los profes vestidos de magos? Se me ocurre estudiar el mar y convertir el pasillo en un paseo hasta las profundidades, desde la playa (al comienzo) a la Fosa de las Marianas con esas criaturas increíbles. Los niños alucinarían, y nosotros, tendríamos su motivación desde el minuto cero.

Claro está que, como todo, al principio cuesta. Uno está habituado a gestionarse solo, y ahora resulta que hay que ponerse de acuerdo un número importante de docentes, cada uno de su padre y de su
madre. Pero después todo merece la pena: el esfuerzo, las horas compartidas con los compañeros, y sobre todo, las caritas de ilusión de los peques y no tan peques, porque al final, ¿a quién pertenecen nuestras horas de trabajo si no es a nuestros niños?

Y yo ya me bajo del tren y me sumergo en el curso de ABP de teatro musical “La medusa busca amigos”.

¡Hasta la próxima entrada!


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