lunes, 2 de abril de 2018

Y después de Emocionario...Amar

Son muchos los libros que podemos encontrar en el mercado sobre inteligencia emocional, pero sin duda alguna Emocionario ha sido un punto de inflexión vital para docentes y familias.

Si alguno no lo conocéis aún, sólo puedo deciros que corráis a la primera librería que tengáis a mano y os hagáis con un ejemplar. No os vais a arrepentir, os lo aseguro. Tanto para trabajar en el aula si sois docentes, como en casa si tenéis peques, es simplemente un regalo para la vista. Precioso en sus ilustraciones y hermoso en sus textos: sencillos, con tanto contenido para poder reflexionar y con un espectro tan amplio de edad, que es perfectamente adaptable desde la etapa de infantil a la de secundaria.

Pero en esta entrada no vengo a hablaros de Emocionario, sino de su hermano pequeño recientemente publicado también por Palabras Aladas: Amar. Sigue la misma línea de Emocionario, con ilustraciones maravillosas que dejan volar la imaginación, acercando el arte y su subjetivismo a los más pequeños (cuánto necesitamos del arte para alimentar nuestros corazones...), pero en este caso, los conceptos desarrollados están relacionados con el amor: generosidad, tolerancia, intimidad,...
Como no podía ser de otra manera, ayer me hice con él y hoy (para terminar las vacaciones con una alegría) se lo he regalado a mis peques. ¡El nuevo Emocionario! ¡Es igual pero diferente! (¿Igual pero diferente? Curioso concepto, Carlota!). Les ha encantado: conocen la dinámica, saben cómo leerlo (siempre seguimos la misma pauta), y es nuevo, fresco, porque Emocionario se lo saben de memoria (¡de memoria literal!). Esta noche comenzamos a disfrutarlo antes de dormir. Es nuestro ratito, mi ratito de mami feliz. Con todo hecho (niños bañados y cenados, uniformes preparados, mochilas listas), nos sentamos en el sofá, uno a mi derecha, otra a mi izquierda, y el libro bien visible en mi regazo, y comenzamos nuestro momento de intimidad.

                                 

Para la lectura de ambos libros, siempre sigo la misma dinámica: primero les enseño la ilustración y la observamos, y tratamos de deducir qué puede significar. A veces es bastante obvio, otras prácticamente imposible. Opinamos sobre si nos gusta, qué sentimos, y tanto nos ponemos en situación y profundizamos en ello, que alguna de las ilustraciones de Emocionario les causan un verdadero sentimiento o sensación, bien sea miedo o tristeza con solo verlas. Es fantástico ver

cómo el arte puede conmovernos, independientemente de la edad o conocimientos que tengamos sobre él. Una vez hayamos decidido sobre qué creemos que “habla” la ilustración, leemos el texto. Lo hago yo, por aquello de darle un énfasis y una entonación que les ayude a “meterse” en término. Una vez leído lo explicamos, y ponemos ejemplos, y lo llevamos a nuestra vida cotidiana, y hacemos paralelismos con nosotros mismos, y...mil ideas más que nos surgen cuando el material que tenemos entre manos es tan maravilloso. Entrelazamos conceptos que ya hemos leído con los nuevos que acabamos de conocer, vemos cómo unos son parte de otros, como no son elementos estancos sino que forman parte de nuestras vidas. Unos los reconocemos en nuestros días más grises, y otros están en los momentos más brillantes. Algunos como la alegría o el cuidado se entienden con facilidad, pero otros como la desolación o la estima son bastante más complejos de comprender. Por eso con la peque los “traducimos” a un lenguaje fácil, y en ocasiones lo teatralizamos con sus muñecos. Así, a parte de entenderlo, lo manipulamos, trabajamos los sentimientos desde la empatía y nos imaginamos un juego de rol en el que el oso de peluche, la Barbie o nuestro gato, sienten y se comportan en función de qué emoción o sentimiento trabajamos. 

Como veis, adoro estos ratitos de lectura y juego con los peques, porque se van a la cama tras una reflexión cooperativa y un breve juego que les ayuda a identificar y poner nombre a todo aquello que 
día a día piensan y les preocupa. Así, reconocen qué sienten cuando se relacionan con sus compañeros, tanto cuando celebran un gol de su equipo, como cuando un amigo decide dejarles “plantados” en el recreo para irse con otro compañero que le cae mejor. Que ellos entiendan y sepan canalizar de la mejor manera esas pequeñas victorias y batallas que viven a diario les hace sabios, independientes, les eleva la autoestima, y lo que más valoro y hecho en falta en nuestros niños a día 
de hoy: les hace resilientes. 

Para finalizar, os dejo un par de enlaces a un material maravilloso en el que podéis encontrar fichas y guías de trabajo de ambos libros. Son materiales de la propia editorial, imprimibles y que nos aportan unas ideas de cómo trabajarlo en el aula o en casa. En su web podéis encontrar muchos más. En mi próxima entrada, os contaré cómo he trabajado Emocionario en el aula: toda una experiencia!



Espero haberos aportado alguna idea de cómo trabajar estos libros en casa. Contadme cómo lo hacéis vosotros! Espero vuestros comentarios! Hasta la próxima!

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