martes, 7 de enero de 2020

Proyecto integrador: Educación en valores en las asignaturas de Música y Educación Física

Es en estos tiempos que corren, en los que la innovación educativa intenta escapar de lo estrictamente academicista y soberanamente reglado de la educación en tiempos pasados, cuando los docentes nos encontramos con nuevos retos, nuevas aspiraciones que nos llevan a abordar horizontes inescrutables hasta no hace mucho tiempo.

Nosotros, que venimos del libro y la tiza, del “no volveré a…” cien veces repetido para que el castigo surta efecto, nos vemos en la actualidad indagando, analizando, reformulando una y mil veces qué y cómo, imaginando un futuro que creemos apoteósico e intentando preparar a nuestros alumnos para esa vida tan tecnológica, globalizada y, a la par, tan inhumanamente distante.

Y es ahí, entre devaneos y expectativas varias, donde surge una idea, un clic que hace que los docentes entremos en sinergia, conectemos, y pongamos todo nuestro potencial al servicio de nuestros alumnos, aquellos que formarán esa sociedad futura que tanto vértigo nos causa, en ocasiones, imaginar.

El nacimiento de una ilusión 

Surgía todo en una clase de música con un nutrido grupo de estudiantes de cuarto de secundaria, alumnos todos ellos con interés y motivación por la asignatura, pues se vuelve optativa desde el curso anterior y que ellos decidieron serle fiel a este arte por segundo año consecutivo. Confieso que llevaba tiempo rondándome la idea, sopesando pros y contras y, como suele ocurrir en el frenético mundo de la educación, desechándola siempre con argumentos tales como la falta de tiempo, la obligatoriedad de cumplir un currículo establecido, o dudando incluso del interés que pudiesen mostrar finalmente nuestros pupilos. Pero me lancé a dejarla caer, a ver qué reacción me encontraba de vuelta: “Estaba pensando que igual podríamos organizar algún evento solidario, no sé, podríamos cantar unos villancicos…claro que no contaría para nota, que para eso es algo solidario…” Pero en ocasiones, cuando los sentimientos son reales y y las hormonas nos favorecen el ímpetu, la reacción no tarda en llegar: “yo me apuntosería genial, qué buena idea, cuándo lo haríamos,…” bendita avalancha de preguntas: emocionadas, participativas y ante todo, motivadas. Tal vez no estemos gestando una sociedad tan distante y fría… 
                          

Viendo la acogida, a la que siguieron numerosas propuestas, algunas fabulosas, otras más fantásticas que reales, decidimos preparar un repertorio de villancicos en inglés y español, con un acompañamiento sencillo de panderetas y pequeña percusión. En definitiva, algo sobradamente conocido, que no precisara de una inversión de tiempo importante y que, principalmente, fuese acogido con entusiasmo y suscitase en nuestros futuros espectadores ganas de participar cantando, dando palmas o incluso bailando. 


Es entonces cuando decido trasladar la idea al claustro, en busca de algún otro profe comprometido, ilusionado, con ganas (¡y tiempo!) de aportar, desde su materia, un más que valioso granito de arena a esta idea. Y voilá!, mi compañero de educación física recogió el testigo.


Consensuando contenidos, unificando criterios 

El currículo educativo con el que lidiamos los docentes no suele dejar margen a ciertas actividades complementarias, puesto que los contenidos y su temporalización, aparecen frecuentemente encajados como perfectos engranajes determinados por las UDIs. No obstante, surge de la necesidad de cada grupo, de cada circunstancia individual del alumnado, incluso viene determinado, en cierta medida, por las características del centro educativo en el que se plasme. 

No podemos hablar de una metodología por proyectos propiamente dicha, ya que no está fundamentada sobre algunos de los pilares básicos de dicha metodología, pero si es una idea basada en la unificación de contenidos y criterios, buscando un nexo común entre ambas materias. De este modo, y  teniendo como premisa la libertad de cátedra, intentamos relacionar los contenidos propios de ambas materias con aquellos que se trabajarían de cara a la realización de este proyecto, y así se desarrolló cada una de las dos asignaturas. 

Música: la técnica vocal y sus beneficios en el aula

            El desarrollo vocal mediante el canto es una de los contenidos de mayor peso dentro de la materia, pudiendo trabajarse desde este mismo un repertorio amplio, buscando siempre la concordancia de las voces y su correcta extensión y tesitura. Teniendo en cuenta que hablamos de un alumnado con una edad comprendida entre los catorce y los dieciséis años, resulta fundamental adaptar las distintas tonalidades del repertorio elegido a una tesitura cómoda para un coro de voces mixtas. Esto no implica que todas las piezas hayan sido preparadas con dos o más voces, dado que el tiempo disponible era limitado, pero se ha trabajado sobre las distintas formaciones vocales, entendiendo las diferencias existentes entre ellas.
            
            En el mismo momento en el que comienza a prepararse un repertorio de canto coral, resulta fundamental empezar trabajando desde los cimientos, es decir, desde la técnica vocal.  Comenzar entendiendo cómo funciona el aparto fonador o cuál es la respiración costodiafragmatica puede parecer tedioso cuando se hace dirigido a un grupo de adolescentes de voces cambiantes, poco trabajadas y en los que la vergüenza propia de la edad, hace mella. Pero nada más lejos de la realidad: preparar una sesión de actividades de respiración y colocación de la voz puede resultar todo un acierto cuando se hace con una metodología activa, en la que el alumno es el centro del aprendizaje y tiene lugar a vivenciar toda la experiencia planteada. 

            Para ello, comenzamos ubicándonos en círculo, sentados, preparando la musculatura de cara, cuello y abdomen, para continuar realizando respiraciones controladas en distintas proporciones: tomar aire en cuatro tiempos, expulsar en cuatro tiempos, para poco a poco conseguir nuestro propósito: tomar aire en dos tiempos y expulsar en ocho. Al comienzo, todo resulta confuso y no entienden dónde radica la necesidad de realizar este tipo de secuencias, hasta que comenzamos a aplicarlas directamente sobre el repertorio elegido, eso si, sin entonar, sino recitado y a tempo. Continuamos trabajando la respiración con una emisión de aire controlada; esto es, de pie y con una mano a unos diez centímetros de la boca, tomamos aire y expulsamos de manera gradual (siguiendo las proporciones anteriormente descritas) controlando que la columna de aire y el volumen de emisión sean continuos. Resulta conveniente disponer de un espejo grande en el aula, en el que puedan verse y ayudarse así mismos a controlar posibles errores posturales tales como hombros levantados (y por tanto tensos), cuello rígido, entre otros. 

            Una vez se han desarrollado las primeras actividades relacionadas con la respiración, es el turno de añadir la voz. Lo haremos sustituyendo la columna de aire en los ejercicios de sonido controlado por una nota en tesitura media-grave, la cual mantendremos y sobre la que trabajaremos para conseguir un sonido uniforme, prolongado y bien afinado.

            Y para poner fin a las actividades de técnica vocal, se trabajará el calentamiento de labios, lengua y mandíbulas. Este es un apartado esencial para calentar la voz antes de un ensayo, pero resulta además una actividad distendida para el alumnado, donde se relajan y disfrutan haciendo sonidos varios. Comenzamos “masticando” cual camellos, exagerando el movimiento de mandíbula hacia todas las direcciones. De esta manera, preparamos la musculatura facial para la práctica vocal, y proseguimos preparando la musculatura labial, lanzando besos intensos al aire. Focalizando ya la atención en la lengua y las mandíbulas, realizamos combinaciones de consonantes que favorezcan la vibración: brrrrr, trrrr, imitando el sonido de un motor. 

Otro punto fundamental en la práctica coral es entender e interiorizar los movimientos y directrices del director del coro. Para evitar cansarnos antes de tiempo, trabajamos sentados y en semicírculo, de tal manera que todos puedan ver perfectamente los gestos que se realizan. Se explican previamente los gestos de preparación, marcación de la parte, cortes y matices, y los ponemos en práctica mediante una columna de aire emitida a través de un siseo (ssssss). Resulta fundamental que adquieran el hábito de comenzar y cortar simultáneamente, así como de realizar crescendo y diminuendo cuando se les indique. Además, aprovecharemos a observar cómo la cantidad de aire expulsado es mayor cuanto más fuerte cantamos, y cómo podemos cantar durante más tiempo si lo hacemos en piano.

Para finalizar las actividades de técnica vocal, lo haremos aplicando la voz a todo lo trabajado con la respiración, esto es, en extensiones de quinta diatónica, ya de pie y con acompañamiento de piano, y que nos permitan abarcar una tesitura desde el Do central al Mi agudo (éste último solo para sopranos), y contrastamos la calidad del sonido resultante en diferentes situaciones: de pie, con una mayor capacidad torácica, sentados, acumulando una menor cantidad de aire. Tras estas actividades, que se desarrollan durante unos quince minutos (la primera sesión algo más para explicar toda la información pertinente), estamos perfectamente preparados para comenzar el ensayo del repertorio elegido.

Respecto a los beneficios de trabajar la técnica vocal en clase, son obvios si nos referimos directamente al apartado coral, pero van mucho más allá: cabe resaltar que el trabajo de la técnica vocal en un aula de secundaria resulta una actividad grupal con infinitas posibilidades. Puede enfocarse desde el trabajo de competencias clave como aprender a aprender, sociales y cívicas o lingüísticas, a parte de poder emplearlo como vehículo para el enfoque de contenidos de mindfulness, entre los que destacan la meditación, la concentración y el control de la impulsividad. Por otro lado, la mera acción de cantar suele suscitar vergüenza en el alumnado adolescente, tanto por la falta de confianza en sus posibilidades, como por considerar normalmente que no son poseedores de una voz “bonita”. Por eso, lograr que vayan aumentando su confianza, ganando en seguridad y enfrentándose a nuevos retos, hace que este contenido sea aún más enriquecedor si cabe. Puede plantearse desde un intercambio de roles, pasando a dirigir la agrupación cualquier alumno, lo que implica una experiencia basada en el liderazgo, para lo que resulta fundamental la autoconfianza y la autoestima. Por otro lado, el producto final que se persigue incluye la práctica escénica, lo que nos permite trabajar técnicas de expresión corporal, técnicas de relajación y gestión emocional. Precisamente, y respecto a este último punto, los contenidos de inteligencia emocional son fácilmente aplicables a estas actividades; la identificación de las emociones, su correcta gestión y la empatía que se produce al cantar en grupo, resultan en un ejercicio de auto conocimiento y tolerancia fantásticos.

            Como puede observarse, son múltiples los beneficios que se obtienen de un contenido tan aparentemente poco significativo y ciertamente descontextualizado como es la técnica vocal en el aula de secundaria, y es que resulta ser un contenido multidisciplinar que, según el enfoque que se le aplique, trabaja unos aspectos u otros del currículo.


Educación en valores: nuestra piedra angular 


            Tal y como ha quedado recogido en las líneas que aquí preceden, el trabajo desde ambas materias resulta beneficioso en numerosos ámbitos, pero la semilla que engendró esta actividad, este pequeño proyecto navideño, no fue otra más que la de presentar a nuestros alumnos la pluralidad de la sociedad en la que vivimos, cada día más concienciada con la diversidad, con unos fundamentos cada vez más sólidos en cuanto a la tolerancia y la aceptación, al respeto y a la igualdad. 
            
            Y es desde temprana edad cuando, desde las familias y los centros educativos, debemos mostrar a nuestros niños y jóvenes el valor de una sociedad plural, en la que no existe la discapacidad sino la capacidad diversa. Y es en esta edad, acuciada por los selfies, las redes sociales y el qué dirán, donde cobra aún mayor importancia entender la necesidad de convivir en la heterogeneidad de una sociedad pluridimensional. Es por tanto un contenido transversal, común a todas las etapas y ciclos, que no se ve afectado por cuestiones políticas ni legislativas, que subyace de todas y cada una de las materias del currículo y que debe ser, por encima de lo estrictamente académico, lo que marque nuestro devenir diario en las aulas y en los pasillos, en los patios y en los comedores, con independencia de la metodología desarrollada, la ratio del aula o el idioma en el que se imparta: la auténtica piedra angular de la educación es, y debe seguir siendo, la educación en valores.

                       “Nadie es tan fuerte como todos nosotros juntos” (prov. japonés)