sábado, 18 de agosto de 2018

Nosotras, “Las increíbles”: coeducación de la mano de Disney

Aunque soy poco amiga de las pelis de superhéroes, dado que el calor aprieta y las tardes en Sevilla se hacen interminables por no poder salir con los peques a la calle, decidimos ir al cine y disfrutar de una jornada de palomitas y aire acondicionado. No había una gran oferta de películas, y algunas las habíamos visto, así que optamos por ver “Los Increíbles 2”.

Y como ya os digo, las pelis de héroes no son mi fuerte, pero he de decir que conforme avanzaba la película, más me sorprendía: no puedo más que recomendaros que, si no la habéis visto ya, ¡no dejéis de hacerlo! ¿Por qué? Pues ahí va: sin haber visto la primera entrega (recordad que esta es la segunda), la cinta trata sobre una familia (mamá, papá y tres hijos) de superhéroes que luchan contra el mal. Hasta ahí, más de lo mismo, ¿cierto? Pero en esta segunda entrega, tras encontrarse ambos (padre y madre) “parados”, es a ella a la que llaman a trabajar, con una súper moto y un mono a medida que, aunque con cintura de avispa, marca unas caderas prominentes, ¡básicamente como las de la mayoría de nosotras! Me encanta. Ella había estado dedicada principalmente al cuidado de los niños, que son un fantástico ejemplo de lo que la mayoría tenemos en casa o, los que somos docentes, también en clase: una adolescente continuamente cabreada con ella y el mundo que la rodea; un hijo mediano que bien podría ser un niño de alta demanda o incluso un posible TDH, y un bebé poco dormilón, de esos que casi todas hemos sufrido.


El caso es que Ms .Increíble recibe una oferta de trabajo muy tentadora y decide, animada por Mr. Increíble, que es momento de que ella se reincorpore a la vida laboral y sea él quien se haga cargo de la casa y los niños. Es curioso que aunque él la anima a trabajar, lo hace desde la perspectiva de poder ser él quien vuelva al trabajo, no sin añadir frases diciendo lo sencillo que resultará cuidar de tres niños después de haber estado luchando contra el mal. Vamos, lo sencillo que resulta estar dedicada a la familia en comparación con lo que supone trabajar fuera de casa. Y una vez incorporada ella de nuevo a su vida laboral, comienzan las risas: un padre que intenta hacer el bien para su hija adolescente y que con cada paso que da, más mete la pata; un hijo mediano con problema con las mates, y un bebé, que a parte de ser eso, un bebé, tiene súper poderes espectaculares. Y ahí empiezan las noches sin dormir del papi, las ojeras de oso panda y la irritabilidad unida a los ataques de llanto. Seguro que a casi todas os ha pasado, a mi desde luego, si. Ser mamá es maravilloso, pero también sacrificado, duro y de una enorme responsabilidad, y aquí el papi superhéroe lo está experimentando en primera persona.

Y yo me pregunto: ¿cuántas de nosotras nos hemos quedado en casa cuando nos hemos convertido en
mamás? ¿Cuántas de nosotras hemos tenido que sopesar la viabilidad de compaginar nuestros trabajos con la crianza de nuestros niños? Yo estuve los primeros años del nacimiento de mis niños sin trabajar, lo que supuso una dificultad económica importante, ya que entre hipoteca y mil gastos que una no conoce hasta que no pare, nos sobraba mes al final del sueldo...Aún así, optamos por ello porque era la única manera que veíamos en ese momento, y desde luego lo agradezco porque a día de hoy puedo decir que he disfrutado muchísimo de la maternidad y de la crianza de mis hijos, pero volver al trabajo cuesta. Cuesta empezar a ponerte horarios para ver a tus niños, a desconectar sin pensar en cómo estarán sin tenerte a ti al lado, a ser la madre perfecta, la esposa querida, la trabajadora ideal, la ama de casa más efectiva. Y resulta que el día sigue teniendo "solo" veinticuatro horas, y tú tienes mil cosas que hacer, y que solo veinticuatro no son suficientes. Y tú pasas a ser la última de tus prioridades, sin tiempo, fuerzas ni ganas de depilarte, irte a la pelu o tomarte un café con tus amigas.


Por supuesto, todo está mostrado en clave de humor, no creáis que hacen una polémica de ello, pero es un mensaje muy significativo y me parece una peli fantástica para trabajar en clase o en casa con peques y no tan peques, para tratar la coeducación y la igualdad de género. Es amena, divertida, y si sois capaces de explicarles y hacerles ver el mensaje intrínseco, estaréis colaborando en formar una sociedad futura basada en la igualdad de género y de oportunidades, y por supuesto, más segura para nuestras niñas que serán las mujeres del mañana. Porque Disney ya no son sólo cuentos de princesas...

domingo, 5 de agosto de 2018

De pipís, cuentos y otros avatares

Como maestra de primaria y mamá de dos peques, cada vez con más frecuencia llego a la misma conclusión: estamos forzando a nuestros niños a desarrollarse bajo patrones impuestos por planes y reformas educativas, patrones herméticos y encorsetados que poco o nada respetan la evolución individual del niño y sus ritmos de aprendizaje. 


La sociedad y su avance, pese a la supuesta libertad de la que a día de hoy gozamos, nos impone una serie de parámetros y pautas que parece que debamos seguir desde edades muy tempranas, de igual manera que si nos hubiéramos convertido en piezas de una cadena de montaje. A veces veo a esos niños que a determinada edad deben dejar el pañal, o a otros que necesitan saber leer antes de comenzar su etapa de primaria y entonces pienso en lo ridículo de un sistema que impone a sus ciudadanos un control de esfínteres solo porque vayan a entrar en infantil, o una madurez cognitiva específica para la lectura porque van a comenzar en primaria. Por supuesto, todo ello está ligado a cuestiones económicas, como casi siempre y como casi todo, ya que si tenemos niños en infantil que aún lleven pañal, necesitaremos de asistentes en el centro que puedan cambiarles, y ello derivará en pagar más sueldos. Por tanto, es más rentable adiestrar esfínteres que pagar más nóminas.

Y no quiero decir que no haya que planificar, todo lo contrario: sabéis que considero que la planificación es la clave del éxito, ya que debemos ponernos objetivos y seleccionar y secuenciar muy bien los contenidos elegidos. Sin embargo, debemos hacerlo con la suficiente amplitud de miras y con una adecuada adaptación para cada uno de los individuos que componen la comunidad educativa de aprendizaje. 

Cuando se trabaja en la etapa de 0-3 años, las diferencias son muy obvias entre un alumno y otro. Aunque no es una etapa en la que yo haya impartido clase, como mamá todas vemos a simple vista las diferencias existentes en esas edades: diferencias cognitivas a nivel del habla o la escucha activa, o motrices a la hora de coger un lápiz o desplazarse. Los centros educativos están adecuados para recibir en un mismo espacio a niños que, pese a llevarse solo unos meses de diferencia, muestran distintas fases de desarrollo. Mi hija, al haber nacido ochomesina, los dos primeros años de vida estaba por debajo del percentil de su edad, lo que se reflejaba no solo en peso o altura, sino en su madurez y desarrollo global. Por así decirlo, mientras que algunos de sus compañeros correteaban por el aula, ella estaba aún sentada en una sillita de paseo, sin comenzar tan siquiera a dar sus primeros pasos. He de añadir que además no era ella la única, pues igual que ella, nacida en el mes de octubre, había más niños de últimos de año que diferían en diez y once meses con algunos de sus compañeros.

Resulta llamativo que estas adaptaciones como tener sillita o hamaca para el que no anda, o correpasillos para que el que ya tiene una destreza desarrollada las consideramos normales e indispensables, sin embargo, al curso siguiente, en el que se despiden de la guarde y comienzan su etapa de infantil, todos deben ser capaces de dejar el pañal al mismo tiempo. ¿Es que acaso no se necesita una madurez y por tanto un tiempo distinto para cada uno a la hora de controlar los esfínteres? ¿Debemos quitarles el pañal o esperar a que ellos mismos quieran hacer pipí sin él? Mirad, con mi hijo mayor seguí las indicaciones de la guarde: meses antes de terminar el curso, allá por primavera cuando “si se hace pipí no pasará tanto frío”, comencé a quitarle el pañal.
No puedo decir que estuviese todo el día haciendo de mujer-fregona limpiando pipís, pero si que en más de una ocasión me vi con mudas, charquitos inesperados y corriendo pasillo a través para llegar a tiempo al wc. No fue del todo mal, pero con mi hija me negué. Era tan pequeñita y la veía aún tan “poco hecha”, que decidí dejarle el pañal hasta que ella estuviese preparada, y no cuando las conveniencias legales me indicasen. Pues bien, un par de meses o tres más tarde que sus compañeros, comenzó a decirme que le daba saco el pañal y que ella no quería tener pipí en él; así de claro y sobre todo, maduro. Se acercaba mucho al wc y notamos que le llamaba la atención. Y así fue cuando un día se le quitó el pañal y nunca supe lo que era limpiar charquitos ni llevar bolsas con mudas. No quiero decir con ello que jamás se haya hecho pipí en la cama, pero si os digo la verdad, ni lo recuerdo. Dos experiencias positivas, pero la primera forzada y la segunda natural y autónoma, infinitamente mejor.


Es por ello, por lo que considero igualmente que el desarrollo de la lectoescritura es un elemento que debe incorporarse poco a poco, atendiendo al desarrollo cognitivo de cada alumno. ¿Quiero decir con eso que no deben leer en infantil? En absoluto. Considero que se les debe motivar e incentivar de mil maneras distintas, que entiendan cuánto les puede aportar la lectura, pero siempre desde la motivación y no desde la presión y obligación de que tienen que leer para llegar a primaria defendiéndose sobradamente en este campo. Sin ir más lejos, mi marido motivó a mi hijo a leer jugando a la Wii, de la manera más divertida que se pueda imaginar, ya que su ratito de videojuego se convirtió (sin mi hijo saberlo), en su tiempo de lectura.

Ahora estoy embarcada en hacer que mi hija lea. Pero no que junte fonemas y sílabas sin más, sino que se motive por algo y ésto le haga arrancar a leer. Tenemos en casa una zona de biblioteca muy chula, con libros de todo tipo, pero aún no he encontrado el anzuelo que le haga picar en el maravilloso mundo de la lectura del que sabéis que soy fan acérrima. Seguiré probando distintas fórmulas, diferentes contenidos, pero sin presionarla ni obsesionarla porque en un mes comenzará en primaria. 

¿Tenéis alguna sugerencia para engancharla? ¿Alguna actividad de iniciación a la lectura “infalible”? Si es así, ¡me encantaría saber vuestras ideas!

Esperando leeros, me despido hasta la próxima deseándoos a todos un espléndido mes de agosto. 

¡Un abrazo!

viernes, 27 de julio de 2018

Y los días pasan, y la vida sigue...

Visto en Facebook

Y creo que no tengo mejor manera de comenzar esta entrada que diciendo precisamente eso: que los días pasan, que te sumerges un tus quehaceres diarios, y que cuando te quieres dar cuenta, llevas más de dos meses sin escribir en tu blog; que entras en él, relees tus propias ideas, pero no te ves con tiempo, o energías, o inspiración para compartir nada interesante con nadie. Y te sientes mal contigo misma porque parece que te estás olvidando de aquello que has creado. Pero no, por suerte no es así. Creo que simplemente, de vez en cuando, necesitamos una ruptura con nuestra rutina, una manera de “resetearnos” para coger con más ganas nuestro día a día. Y hoy, después de más de dos meses de silencio y reflexión, he tenido ganas de volver a estar aquí.


Ha sido un fin de curso, ¿cómo calificarlo? Yo diría que como una traca después de un espectáculo de fuegos artificiales. Un curso entero de no parar, de estar siempre al cien por cien en todas y cada una de las actividades, propuestas, sesiones, para tener un último mes de locura. Exámenes externos de mi asignatura; si, en el centro en el que trabajo, los alumnos que están preparados realizan los exámenes de ABRSM, que para que me entendáis son como los exámenes de inglés de Cambridge (aunque en este caso la entidad examinadora es el Royal College de Londres). Es decir, te certifican el nivel que tienes. Pues a parte de esto, que ya de por si es un esfuerzo enorme, con numerosas clases de refuerzo y atendiendo a las muchas dudas y preocupaciones de los padres, terminamos el curso con un espectáculo de los alumnos de infantil y primaria por todo lo alto, con todo el centro volcado en esas dos horas intensísimas. Y es que este tipo de espectáculos recaen completamente sobre el departamento de música, que es al que pertenezco, y que se nos juntan los exámenes externos con el show, y las excursiones de fin de curso con el hecho de que esta actuación tiene una peculiaridad: el audio está previamente grabado por los alumnos, por lo que la preparación para ser grabados los temas (tened en cuenta que en el colegio tenemos un estudio de grabación profesional) debe ser enorme. Pues por todo esto, y por la necesidad que tenía de despejar mi mente después de un curso de muchísimo trabajo, he estado “desaparecida”. Bueno, y porque he estado dejándome querer por los míos en mi tierra, en dos semanas de ensueño después de tres años de nostalgia.


Visto en Facebook

Pero hoy he recibido una de esas noticias que, si en cierto modo se desean, también te producen cierto cosquilleo en el estómago: me han comunicado que seré tutora de un grupo de secundaria el curso que viene. Como ya os digo, me apetecía y así lo hice saber en el centro, ya que en mi etapa de conservatorio siempre lo fui, aunque claro está que hay ciertas diferencias a la hora de tutorar. Así que, como soy un culo inquieto, me he puesto a buscar dinámicas de grupo para realizar en las sesiones de tutoría, ya que muchas de las que yo conozco están enfocadas a la etapa de primaria y se hacen un poco “infantiles” en secundaria. Sabéis de algunas dinámicas efectivas? Algún idea divertida para los primeros días?


Por otro lado, ya estoy buscando fecha para el examen de inglés de C1, aunque no tengo claro si hacerlo por Cambridge o APTIS (¿os suena este último?). Y si el tiempo lo permite (el cronológico que no el meteorológico como en los toros), me gustaría hacer alguna formación complementaria, similar a la que realicé el curso pasado en la UNED y que ya sabéis que me encantó. Alguna sugerencia? Tal vez algo de ELE?

Bueno, pues ha sido breve mi entrada, pero creo que os debía una explicación de por qué había estado tanto tiempo callada. Ahora que ya lo sabéis, me encantaría que me diéseis vuestra opinión sobre por qué camino continuar formándome (TIC, ELE, investigación,...). Por cierto, aprovecho a desearos un muy feliz verano a todos, y a los que sois amantes de la lectura, ¡espero que estéis disfrutando tanto como yo de todas esas lecturas que estábamos deseando devorar!

Visto en Facebook




¡¡¡Un abrazo enorme para todos y felices vacaciones!!!

miércoles, 9 de mayo de 2018

Como oro en paño...

Qué cansancio ya a estas alturas de curso, verdad? Los niños también lo notan y
están más irritables y menos trabajadores. En cierto modo es normal: apuramos contenidos, somos más estrictos con el cumplimiento de los objetivos y no queremos dejar nada sin dar. Además, estamos preparando ya los bailes de fin de curso, las ceremonias de graduación y, por si fuera poco, pensando en los boletines y las diez mil rúbricas que debemos cumplimentar. Mil cosas en solo dos meses! Os suena, eh?


Además, en Sevilla que es donde vivo, el calor ya se deja notar, y los mediodías los pasamos en manga corta y buscando sombras en las guardias de patio. He de decir que en el cole en el que trabajo salimos a las cinco, por lo que las horas del mediodía y sobre todo después de comer son una pesadilla...

En uno de mis post recientes os compartía una unidad didáctica dedicada a juegos de desarrollo musical y mental, que suelo realizar a estas alturas de curso, pero si que es cierto que son actividades bastante específicas de la materia de música. Por eso, hoy os comparto un material (no son juegos, sino actividades) que guardo como oro en paño: no es el material completo, sino una parte de un dossier que me facilitaron en un curso reciente al que asistí en Madrid. Si queréis más información sobre ese curso, en este post podéis encontrarla.

Las actividades que en él os presento son muy variadas: podéis aplicarlas en clase de lengua, por ejemplo para preparar una obra de teatro y trabajar la pronunciación y el ritmo de las palabras. Otras nos sirven para reconocer las partes del cuerpo mediante una canción, perfecto para infantil. Otras están relacionadas con la dramatización y el Mindfulness, sabéis que ambos contenidos me encantan, ya que nos ayudan a desarrollar en gran medida otras características como la empatía, la autoconfianza y el respeto.


Siempre recalco que las actividades que comparto con vosotros pueden ser aplicadas, prácticamente en su totalidad, desde infantil hasta secundaria, adaptando simplemente el grado de dificultad de las mismas. Por otro lado, como docentes nos dan la oportunidad de ver cómo reaccionan a un mismo contenido alumnos de distinta edad y conocerles más a fondo.

Como ejemplo, esta semana estoy trabajando una actividad de tai-chi en espejo con todos los grupos desde quinto de primaria (10 años) a segundo de secundaria (14 años). La actividad consiste en ponerse por parejas uno frente a otro, con las palmas de las manos próximas pero no pegadas (a un par de centímetros aproximadamente una de otra); con una música de fondo de cuencos tibetanos, sonido de agua o similar (en YouTube tenéis muchísimos audios de ello), uno de los miembros de la pareja comienza a mover lenta y pausadamente las manos, en movimientos envolventes y cómodos de hacer (sin tirarse al suelo ni brusquedades de ningún tipo). El compañero de enfrente debe imitarle cuál espejo, sin perder en ningún momento la conexión entre ambas manos, a la par de no tocarse en ningún momento. Es un ejercicio de concentración máxima, de trabajo cooperativo en parejas y, si se hace bien, la energía que se transmite de una mano a otra es espectacular. Las parejas que consiguen ese grado de concentración quedan ensimismadas de lo que sienten sin tocarse.


Como podéis leer, no es una actividad compleja ni requiere ningún tipo de material para realizarse. Sabéis que así son las actividades que a mi me gustan, sin mucho lío ni preparación, para poder ser docentes espontáneos con un abanico de recursos muy amplio y siempre a la mano.

Por hoy lo dejo aquí. Iré contandoos más actividades de este estilo que se que a todos nos viene muy bien conocerlas y familiarizarnos con ellas. ¡Nos pueden sacar de más de un apuro!

Bueno, y como lo prometido es deuda, aquí tenéis el enlace para descargaros el dossier. ¡Es fantástico!

¡Hasta la próxima entrada!

domingo, 6 de mayo de 2018

Música para "torpes"

Cuántas veces he pensado en lo que sufren las personas torpes;
sobre todo, los niños torpes. Y qué palabra más fea para calificar a una persona...Poco a poco, y principalmente prestando mucha atención, he ido entendiendo de dónde viene esa torpeza, qué la suele ocasionar, y cuánto la sufren los que la padecen. Bueno, ¿y esto qué tiene que ver con la asignatura de música? Seguid leyendo y veréis.


La torpeza, suele derivarse, en personas que no tengas afecciones concretas a nivel neuronal, a una falta de desarrollo motriz. Bien sea de motricidad fina o gruesa, o incluso ambas, suelen ser personas que por diversos motivos tengan esa facultad poco desarrollada. Hay niños con una caligrafía preciosa y trabajos súper ordenados que sin embargo son incapaces de saltar a pies juntos, hacer una voltereta o subirse a un columpio o similar. Otros en cambio, tienen sus cuadernos sucios, una caligrafía desordenada y acostumbran a tirar, normalmente sin querer, cosas al suelo, principalmente si se sienten observados. Sin embargo, son brillantes en cuanto a habilidades físicas se refiere. Todos conocemos a niños con estas características, bien sea entre nuestros alumnos como entre nuestros familiares y amigos. Algunos son niños, y otros no tanto.

Por regla general, suele esperarse que sea en la asignatura de educación física en la que los niños desarrollen sus habilidades motrices, principalmente las de motricidad gruesa. Y por supuesto que es así. Pero desde la clase de música podemos colaborar en gran medida en este propósito, e incluso trabajar en colaboración para ayudar a aquellos alumnos que lo precisen.

www.musiqueandoconmaria.com

Yo para tal fin lo tengo claro: empleo la pequeña percusión, es decir, el instrumental Orff. Me encanta. Hay tantas actividades para desarrollar como tu imaginación quiera, y normalmente los alumnos lo adoran. No importa la etapa en la que impartas: siempre será bienvenido. Como os explicaba en la entrada anterior, me gusta hacer juegos en los que empleo las claves o el metalófono, y es que es estupendo verles coordinarse: primero ellos consigo mismos, entendiendo cómo manejar el instrumento. Porque aunque nos parezca algo fácil, coger con destreza las claves o tocar con ambas manos a la vez los shackers es un mundo para algunos. Y si encima de coordinarse con uno mismo, hay que hacerlo también con el de al lado, y si el de enfrente toca un instrumento distinto y con otro ritmo, la cosa se complica y mucho.

Habitualmente, comienzo conociendo a mis alumnos haciendo percusión corporal. A veces me embarga la pena cuando veo el esfuerzo máximo que supone para algunos, y la frustración de ver cómo lo que para otros es un juego, para ellos se convierte en una dificultad inmensa. Pero no debemos desistir; todo se logra, tarde o temprano, en mayor o menor medida, pero debe seguirse
trabajando. Las actividades de percusión corporal que suelo hacer son de calentamiento (al comienzo de la clase) o de creatividad (con la sesión ya comenzada). La de calentamiento se realiza de pie, y en ella se distinguen pulsos impares en los que se golpea palmas y pecho para comenzar, y se van añadiendo partes del cuerpo para percutir. Se va saltando de un número de percusiones a otro, variando entre tres y nueve (o los que se quieran añadir). La percusión corporal de creatividad consiste en crear ritmos en los que cada uno incluye, en cuatro pulsos, las percusiones que quiere, golpeando cuerpo, suelo o lo que considere oportuno y esté al alcance de todos. Con las claves hago ruedas de improvisación, donde en una sesión non-stop, deben crear ritmos en cuatro pulsos y sobre la marcha, dejando volar la imaginación. Trabajamos en eco: uno toca y todos repiten, pero siempre en cuatro pulsos. Es increíble observar la mejoría que la mayoría experimenta, sintiendo el ritmo interno y creando cada vez ritmos más intrincados.

Como veis, tocar un instrumento musical puede ser una labor casi imposible para niños con una motricidad poco desarrollada o aquellos que tengan alguna deficiencia, pero la percusión Orff no requiere ese grado de especialización y es ideal para desarrollarla, tanto gruesa como fina- Por otro lado, convertir el grupo en una orquesta es un ejercicio ideal para trabajar valores y mejorar la convivencia.

No dejéis de utilizar estos instrumentos, y ayudad siempre al alumno que veais más "torpe": recordad que desde nuestra especialidad, podemos hacer mucho por ellos, siempre con calma y paciencia.

Y para que tengáis un repertorio de distintos niveles, os comparto unas partituras que yo utilizo en clase para trabajar la percusión, tanto corporal como Orff. En este enlace lo podéis descargar. Y si queréis un vídeo para ver cómo hago el calentamiento de percusión corporal, no tenéis más que dejarme un comentario y lo prepararé a lo largo de la semana.

¡Hasta la próxima entrada!

sábado, 5 de mayo de 2018

Juegos en el aula de música, ¡qué acierto!

Si la anterior entrada versaba sobre vivir deprisa, en esta ocasión os traigo una
idea para realizar en el aula de música
precisamente para esos días en los que en los coles también vivimos deprisa. Es una unidad didáctica muy esquematizada que diseñé especialmente para esos días en los que sabes que por una razón o por otra, los alumnos no aprovecharán la clase todo lo debido. Y a veces, presionarles y obligarles no conduce a nada; seamos prácticos y hagamos una sesión de ABJ (aprendizaje basado en el juego). Cómo nos gustan las siglas...


Este es el primer año en el que trabajo en un cole hasta las cinco. Es para mi, y por supuesto para mis hijos, una experiencia nueva a la que hemos tenido que habituarnos. Tu vida pasa a desarrollarse en gran medida dentro del centro, pues en él desayunas y comes, los pequeños hasta meriendan, por lo que la jornada laboral pasa a ser un porcentaje importante de las horas del día. Normalmente, la jornada del docente no suele ser muy larga, aunque después tenga siempre trabajo para hacer en casa. Me refiero a que suele tener de horas lectivas diarias no más de cuatro, tal vez cinco a lo sumo. Así he trabajado yo siempre. Pasas como mucho cinco horas y te vas, aunque lleves trabajo para casa. Pero en los coles en los que se trabaja hasta las cinco es muy distinto; estás una media de ocho horas allí, conviviendo con compañeros y alumnos, y en cierto modo, tu trabajo se convierte en un Gran Hermano

A nivel académico, es difícil sobrellevar durante meses una jornada así. Se precisa incorporar actividades que salgan de la rutina y que hagan más liviana las ocho horas diarias que los alumnos pasan allí. Cuando además aquí en Sevilla el sol comienza a dejarse ver más de lo deseado y el calor empieza a apretar (aproximadamente desde mediados del mes de abril), las clases que van desde la hora del comedor hasta las cinco se convierten en arduas y soporíferas. Si a esa circunstancia se le une una semana de exámenes o similar, tengo más que comprobado que pretender dar clase de manera rutinaria no sirve de nada. Todos los que nos dedicamos a la educación sabemos que esos días existen, pero generalmente tomamos dos caminos: o dar clase si o si y caiga quien caiga, o tiempo libre. No me gusta ni una ni otra opción. Si queremos niños empáticos, ¿no deberíamos ser nosotros los primeros en serlo con ellos? Por otro lado, tomar la fácil decisión de darles tiempo libre, ¿no es a veces un poco de dejadez por nuestra parte? 

Para estos días en los que debes valorar si continuar con los contenidos o hacer algo diferente, he creado una unidad didáctica muy escueta, ya que son solo propuestas de juegos, en los que podrás continuar trabajando contenidos de teoría de la música y desarrollo auditivo. ¿Lo mejor? Los alumnos lo verán como un juego, por lo que no necesitarás insistirles en participar, y mientras tanto, continuaremos con la tarea de enseñanza-aprendizaje. ¿Y lo que es mejor aún? No necesitarás materiales caros, ni una preparación previa extensa. Además, si ves que te funciona, puedes desarrollarlo en más de una sesión, porque no te olvides de que estás trabajando contenidos, no dándoles tiempo libre. Y ya si te digo que estás innovando y estás aplicando una metodología activa basada en el juego, pues es que no puedes esperar a hacerlo.

En estos juegos se trabaja la discriminación auditiva, tanto rítmica como melódica, y lo que más les gusta: juegos en equipo, con competición incluida. Puedes programar ciertos juegos de manera individual y otros en grupo, y ver cómo responden en cada uno de ellos. Además, no importa la etapa en la que impartas, porque puedes adaptarlos con distintos niveles de dificultad, acorde con el alumnado con el que trabajes. Respecto a los materiales, cartulina para escribir distintos ritmos, intervalos,...todo aquello que quieras emplear de apoyo en formato papel. Instrumentos de pequeña percusión para hacer ritmos: yo me quedo con las claves, es mi instrumento favorito para trabajar el ritmo. Para los fragmentos melódicos, un metalófono o nuestra propia voz. Tal vez el elemento más difícil de tener es el piano de suelo, pero tengo que decir que el mío lo compré en una de esas cientos de páginas de segunda mano y te reirías si te dijera que pagué por él lo que cuestan un par de refrescos. De todas maneras, si no quieres gastarte nada, imaginación al poder: puedes pintarlo con tiza, marcarlo con cinta de carrocero o similar. Si además, como es mi caso, tienes opción de realizar estos juegos en una zona exterior, el cambio de espacio y de rutina, les encantará.


Como ves, los juegos les encantan, y es un momento estupendo para disfrutar con los alumnos viéndoles aprender y divertirse a la vez, sin contar que es una magnífica herramienta para conocer a tus niños en un ámbito más distendido, y trabajar valores y emociones que se desprenden de la realización de estas actividades. Además, se motivan con la asignatura y todos sabemos que la motivación es la clave del aprendizaje. 

No te cuento más. En este enlace tienes la unidad muy resumida, y si quieres más información sobre metodologías de juego, la editorial CSS tiene libros como "Juegos musicales en la escuela", con ideas estupendas, agrupadas por edades y niveles de dificultad. Anímate a innovar y jugar, gamifica tus sesiones y verás unos resultados estupendos.

Cuéntame qué te parece y si haces algo similar con tus niños.

¡Hasta la próxima entrada!

domingo, 29 de abril de 2018

Viviendo deprisa

Y pese a llevar el título de una canción de Alejandro Sanz, poco tiene que ver la
Imagen tomada de ABC
reflexión de hoy con su música. Seguimos con más siglas, pero en esta ocasión no tan amenas como las que os presente hace un par de semanas (ABP, TIC, ABN,...¿recordáis?), sino unas que nos afectan dentro y fuera del ámbito escolar, dado que ninguno estamos exentos de padecerlas. Si, de eso se trata: de padecerlas. Me refiero a las TAC o trastornos de la alimentación. Y de cómo nos vamos a la deriva como sociedad. De eso sobre todo.


Esta semana pasada hemos tenido una formación para profesores sobre este tema, y aunque ya conocía bastante sobre él, no deja de ser algo que conviene tener muy presente, pues todos, tanto docentes como padres y madres, hermanos, amigos, debemos saber detectar lo antes posible.
Sin meterme en profundidades que no me competen, señalar que según explicó la experta, todos estos trastornos suelen comenzar como una simple e inofensiva dieta, que en la mayor parte de ocasiones esconde un problema de fondo mucho mayor, bien sea de bullying, o en el ámbito doméstico-familiar. En definitiva, algo no resuelto de la vida, algo a lo que no somos capaces de poner freno y optamos por recibir una satisfacción personal controlando algo tan íntimo como la ingesta de alimentos. Es un mecanismo nada fácil de comprender, es lo que tiene la mente humana, pero si nos detenemos por un momento y nos ponemos en la piel de esos jóvenes inseguros e inconformistas, podremos comprenderlo con más facilidad.

Como profesora de secundaria, me llama la atención ver el grado de mímesis al que llegan los alumnos entre sí; ellas, las mismas colas en el pelo, las mismas pulseras, las mismas zapatillas. Ellos, el mismo corte de pelo, la misma colonia, las mismas carcajadas. Necesitan sentirse parte del grupo, ser uno más, un igual. Definitivamente, bajo su punto de vista, no hay mejor manera de verse integrado que anulando el gusto personal y copiando hasta la extenuación a esos a los que queremos pertenecer.

Y no es que me sorprenda. No. Todos hemos sido jóvenes y seguro hemos actuado igual aunque no lo supiéramos en aquellos momentos. Pero a día de hoy, la vida nos exige mucho, principalmente en relación a nuestra imagen. Y como no, sobre todo a nosotras. Chicas y mujeres, y cada día más a nuestras niñas. Publicidad estereotipada, con mujeres cuya belleza radica en un cuerpo perfecto, un maquillaje infalible, unos tacones de vértigo y poca ropa. Demasiada poca ropa. Videoclips de música con posturas, actitudes y constantes insinuaciones de carácter sexual. Letras plagadas de dobles sentidos, bailes casi obscenos y siempre la mujer con cuerpo perfecto, con o sin silicona, con o sin Photoshop, pero siempre dispuesta a lo que el hombre quiera.


Y dentro de toda esa perfección que vivimos, ¿dónde queda espacio para el que tenga unos michelines, unas caderas anchas o una cintura que poco recuerde a la de una avispa? Simplemente no queda. Entonces, o te conviertes en un bicho raro, o claudicas y te conviertes en uno más. Y eso es lo más fácil: la imitación frente a la originalidad. La imitación para ser admitido. La imitación caiga quien caiga, sea como sea. Por eso nos dejamos un dineral en productos light, que no sólo no hacen lo que publicitan, sino que lo único que adelgazan es nuestro bolsillo; nuestras niñas se maquillan con doce años como auténticas profesionales de la moda, y nosotros las animamos a ello, porque ¿y si su amiga va a salir más guapa en las fotos de Instagram que nuestra pequeña influencer?

Y todo ello va en cadena: nuestros pequeños queman etapas a gran velocidad. Vivimos con prisa y no tenemos tiempo para atender a los peques; necesitamos que crezcan rápido, sean autónomos lo antes posible. Y si un niño a los diez quiere ser youtuber, es bastante probable que a los trece empiece a beber algo más que Cola Cao y Coca-Cola, y como en el fondo no es más que un niño, seguramente no conozca los límites, ni las consecuencias de todo aquello que haga. De ahí, entre otros factores, surgen los padres sobreprotectores, sin darse cuenta de que son ellos los principales hacedores de esos pequeños monstruitos que navegan con prisa por el ancho mar de la vida. Intentan proteger aquello que ellos mismos han creado y ahora no saben cómo frenar. Les han dado todo, les han animado a crecer deprisa y se les ha ido de las manos.


Y no quisiera terminar esta entrada sin decir que tal vez suene pesimista todo lo aquí expuesto, pero en una semana en la que se ha conocido la sentencia a La Manada, no cabe reflexión de otro tipo.

Tenemos una sociedad cada día más podrida, una justicia cada día más parcial y somos cada día un poco más superfluos y superficiales. Lástima de nuestros niños que viven de prisa, entre extraescolares y niñeras (o mejor au pairs por aquello del bilingüismo), que para paliar la falta de dedicación diaria son comprados con viajes espléndidos, hamburguesas o móviles de última generación. Lástima que el dinero intente comprar desde nuestra salud, con tanto producto light, a la felicidad de nuestros niños. Lástima de sociedad que se va al garete.

Así que yo ahora, cierro mi ordenador y abro un libro para compartir un ratito con mis peques, que eso si que no se compra con dinero.

¡Hasta la próxima entrada!

sábado, 21 de abril de 2018

Inteligencia emocional: el rincón de la paz

Si hay algo que me ha hecho reflexionar a lo largo de estos años de docencia, es
la importancia del estado anímico de un individuo para desempeñar correctamente su labor. Dicho así parece una obviedad, pero si eso lo pasamos a la realidad del aula, podemos entender que un alumno que emocionalmente no está bien, se encontrará con serios obstáculos para su desenvolvimiento en el aula.

De ahí me planteé la necesidad de comenzar a indagar en la inteligencia emocional, a ver por dónde iban los tiros. Y si, encontré uno de los pilares sobre los que asiento mi metodología, ya que trato de que todos los alumnos, sin excepción, se sientan a gusto y ubicados. Pero, ¿qué podemos hacer como docentes para que ese alumno en concreto que parece estar ido, o el eternamente triste o el que está tan nervioso que es incapaz de parar un segundo puedan sentirse mejor?
Para mi, la clave radica en que se entiendan a sí mismos; dicho de otra manera, comprendan sus sentimientos, sepan qué los provocan y cómo pueden autogestionarlos. Y es que en muchas ocasiones, ni los adultos sabemos ponerle nombre a lo que sentimos o describir con palabras qué nos ocurre. 
Tarro de la calma 
Por ello, decidí el curso pasado preparar unos contenidos de inteligencia emocional para integrar poco a poco en la vida cotidiana del aula. Casi de manera desapercibida, pasaron a formar parte de nuestro día a día. El rincón de la paz, el tendedero de la gratitud, y el elemento estrella: los PowerPoint que con tanto esmero les preparaba semana a semana. Os cuento un poco uno a uno.

El rincón de la paz es un espacio precioso del aula: dejad volar vuestra imaginación y conseguiréis un lugar íntimo y cálido en el que los alumnos se sientan a gusto. Yo he puesto dos cojines en un rinconcito menos iluminado, con una cestita de mimbre que contiene un tarro de la calma, una vela led, un reloj de arena y una cinta para pulseras. Cuando dos compañeros tienen una confrontación, van voluntariamente al rincón de la paz y disponen de un tiempo marcado por el reloj de arena (unos cinco minutos) para solventarlo. Obviamente, no pueden disponer de todo el tiempo que quisieran, ¡puesto que algunos pasarían allí media mañana! Una vez han resuelto su problema, sellan su amistad colocándose mutuamente una pulsera atada a la muñeca, que les haga recordar que la amistad no debe romperse nunca.

El rincón de la paz 
El tendedero de la gratitud es un elemento muy vistoso, sencillo y que les encanta: una cinta bonita de pared a pared, con mini pinzas de colores, en la que cada uno cuelga sus reflexiones, de carácter positivo y mostrando agradecimiento (de ahí el nombre) por cosas que normalmente los niños no se paran a pensar: tener un plato de comida caliente a diario, un techo bajo el que dormir,...Es fascinante ver qué profundos pueden llegar a ser en sus reflexiones cuando se les incita a ello.
Elementos del rincón de la paz 
Y lo que aguardan con más ansia: el trabajo cooperativo que hacemos sobre Emocionario. Creo que el libro es simplemente maravilloso, y por lo que puedo comprobar día a día, los alumnos también lo ven así. Pero junto a sus hermosas láminas, las cuales he descargado de la propia web de la editorial, preparé una presentacion de PowerPoint en las que las láminas se suceden lentamente acompañadas de música evocadora.

Y eso es lo me propuse principalmente: encenderles la chispa de la emoción, del sentimiento, no de la mera existencia irreflexiva. No hay por qué esperar a que sean mayores, a que en el currículo pongan una hora dedicada a este contenido, a que como docentes hagamos un súper máster que nos enseñe a ello. Hay que hacerles sentir y pensar, profundizar y reflexionar, moverse y conmoverse por si mismos y por el mundo que les rodea.

Comprender qué nos hace sentirnos de una manera concreta,
qué necesitamos cuando nos sentimos de una manera determinada e identificar si nos gusta lo que sentimos o no, nos hace conocernos a nosotros mismos, nos ayuda a canalizar nuestro comportamiento y a desarrollar la capacidad de adaptación a distintos ambientes y situaciones. Y en eso consiste, bajo mi punto de vista, el origen de la felicidad: la capacidad de adaptación a todo
aquello que la vida nos va deparando, tratando de sacarle siempre el lado positivo, minimizando el lado negativo, e intentando sacar provecho de toda experiencia vivenciada por uno mismo.

El tendedero de la gratitud


Y tú, tienes algún rinconcito especial en tu aula? Trabajas la inteligencia emocional con tus niños?

martes, 17 de abril de 2018

Manipulando la música

En una de mis primeras entradas en el blog, os comenté que en el cole en el que trabajo este curso todos los alumnos tocan el piano.
Allí quedó la cosa, ya que no he vuelto a escribir sobre ello, pero hoy retomo el hilo y os explico cómo desarrollo un proyecto tan ambicioso en tan solo dos horas lectivas a la semana. Además, no quiero dejar de lado la innovación que tanto me gusta, así que creo materiales como los que os dejo para que os descarguéis al final de la entrada. Allá vamos!


En Yago School todos los alumnos tocan el piano. Todos. Podéis pensar que tenemos de horas de música las mismas que tienen de mates o inglés, pero no (ya quisiera yo): tenemos solo dos horas, como en la mayor parte de centros educativos. Teniendo en cuenta que vengo de la enseñanza musical en conservatorio, donde los niños han pasado una evaluación inicial que clasifica a los más aptos y donde de por sí van a ir niños que realmente estén interesados en el aprendizaje del instrumento, enfrentarme a la enseñanza a grupos (algunos de veintidós niños) en los que todos deben tocar el piano fue todo un reto.

Alumno de la ESO
Primeramente, os cuento sobre las instalaciones, ya que es obvio que esa parte es fundamental. En mi aula, disponemos de catorce pianos digitales, cada uno con su auricular (algunos con dos), por lo que se permite el estudio simultáneo de todos los alumnos. Algunos comparten instrumento, y de ahí el disponer de un par de auriculares.
Cuando los grupos son numerosos o por distintas razones considero que es interesante el trabajo por separado, planteo trabajo por talleres. Esta dinámica les encanta, porque hace que en la misma sesión repasen distintos contenidos. Cuando hacemos talleres, lo planteo de la siguiente manera: un grupo toca el piano (así no necesitan compartirlos) y otro grupo repasa teoría, pero lo más interesante es
cómo la repasan: con juegos como el dominó musical o la creación de música usando tarjetas y distintos compases. Se lo pasan tan bien que les cuesta ver que realmente están trabajando la teoría que tan tediosa se les hace. En otras ocasiones, unos tocan el piano y otros preparan repertorio sencillo con instrumental Orff. Después rotan los equipos y pasan a hacer la actividad contraria, practicando todos todo.

Creación de música con tarjetas
Como veis, son clases dinámicas y motivadoras, en las que no paramos ni un momento, porque cuando se dispone de tan poco tiempo, hay que amortizarlo al máximo. Además, de esta manera trabajamos el piano, por supuesto, desarrollamos la lectura rítmico-melódica con el instrumental Orf y aprendemos valores como la tolerancia, la solidaridad y el compromiso cuando tocamos en grupo. A la vez, al dejar a los alumnos que trabajen en distintos talleres, consigo que fomenten la autonomía y la responsabilidad, ya que se hacen cargo de realizar las actividades correctamente, ayudarse mutuamente y tratar los materiales con cuidado. Yo atiendo principalmente a los alumnos que se encuentran al piano, ya que en ellos surgen más dudas y necesitan un guía que les asesore en todo el 
proceso. Por otro lado, al ser menos pianistas en ese momento, puedo explicar algunas dudas comunes con las que se topan.

Analizando intervalos

Curiosamente, llevo observando todo el curso que la duda máxima está en la colocación inicial de las
manos; una vez tienen la referencia, les es más fácil continuar. Por ello, decidí crear un material que me pareció muy idóneo tanto para los más pequeños de cuarto de primaria, hasta mis grandullones de secundaria, porque a ellos también les gusta eso de pegar y despegar. Y es que de eso se trata: un material manipulativo, fácil de usar y que admite tantas variantes como imaginación o necesidad tengáis. Tanto es así, que me atrevería a decir que deberías tener este material para cada uno de
vuestros alumnos, no os arrepentiréis! A lo largo de toda la entrada podéis ver fotos del material.

Trabajo cooperativo
Se trata de una plantilla con dos pentagramas, plastificada, sobre la que he pegado Velcro para poder adherir todos aquellos materiales que quiera trabajar. Por ello, tengo las claves de sol y de fa, para que se habitúen a colocarlas en su correspondiente lugar; más Velcro en las líneas y espacios de ambos pentagramas sobre los que pegar las notas (redondas en este caso), y espacio en la zona superior para colocar números que, o bien indiquen un intervalo formado o que deben formar, o como digitación para colocar las manos sobre el teclado. Es decir, que el material podéis utilizarlo a
conveniencia, ya que podéis construir acordes, crear intervalos melódicos o armónicos, trabajarlo de manera individual o en grupo. Al piano o como herramienta para evaluar conocimientos, dejando atrás el formato examen en papel para dar paso a una enseñanza más vivida y aplicable.



La verdad es que es muy básico y sencillo, pero tan tan práctico que no se darán cuenta de cuánto aprenden a la par que se divierten. Como veis, los recursos manipulativos están al alcance de todas
las materias, y no por tener que enseñar algo tan formal como el piano, no podemos hacerlo de esta manera tan innovadora y divertida. Todo es cuestión de nuestro esfuerzo, compromiso, interés y ganas de que nuestros alumnos adquieran conocimientos con una sonrisa en la cara. Os animo a probarlo!

En este enlace os dejo el material que he empleado para que podáis descargároslo: es básico, sencillo y muy funcional, y podéis emplearlo de mil maneras distintas. Sólo tenéis que dejar la imaginación volar!

Hasta la próxima entrada!

domingo, 15 de abril de 2018

Porque a veces somos agua y otras veces esponjas


Y ya en el tren de vuelta del curso de ABP, son muchas las ideas que se me vienen a la cabeza.
¡Cuánto hemos hecho en dos días y parece auténticamente que llevo una semana fuera de mi casa! Y no sólo por lo que he echado de menos a mis fierecillas, sino porque es tanto lo que hemos aprendido...Bueno, ¿y por dónde empezar a resumir un curso tan activo y completo? 

Me cuesta, la verdad. Necesito ordenar las miles de ideas que se pelean por salir de mi cabeza. Pero voy a hacerlo como lo he sentido, así que la primera mención va para la ponente: Anna María Biffi.  Una explosión de energía y sonrisa, es una profesional de la música y el teatro, y es que en ella todo cobra arte. Con su peculiar acento italiano, ha puesto a bailar, cantar, actuar a todo un nutrido grupo de maestros y futuros maestros. Gente de escasos veinte años (universitarios felices y radiantes, ávidos de aprender) a aquellos que ya tenemos más edad y un poco más de experiencia, aunque compartimos el entusiasmo y las risas de los más jóvenes.

Comenzamos rompiendo el hielo con una actividad de presentación, que no hace falta decir que la voy a poner en práctica el curso que viene. Nombre y gesto que te caracteriza debes decir, pero no solo el tuyo, ¡sino recordar el de toda la clase! ¡Ahí es nada! Actividades de dinamización de grupo, de presentación y memoria colectiva, en definitiva, de cómo entrar en materia hicimos varias. En corro, empleo de cuatro palabras (las que queráis, pero que suenen interpretadas), cada una con su significado; esto es, la primera, paso la palabra al de al lado, la segunda, cambio el orden del turno de palabra, la tercera, me salto al compañero de al lado y el turno pasa a dos más allá, y la cuarta, paso la palabra al compañero que quiero. Fácil, práctico, simpático y con cero materiales. ¡Genial! No es el único “rompehielos” que hicimos, los tengo todos anotados, porque no dejaré ni uno sin hacer. Es tan importante llegar a un grupo y empezar a sentirte a gusto desde el minuto uno...con estas actividades, ningún alumno se queda atrás. Captas su atención, trabajas la memoria y consigues una sonrisa en cada cara, ¡buen trabajo!
Un mensaje oculto en una botella llegó para cautivarnos a todos 
La parte de la danza fue genial. Los que me conocéis, sabéis que me encanta bailar, así que he disfrutado muchísimo. Cuánto hemos bailado, cuánto hemos improvisado: solos o como modelos del grupo. En grupo, consensuando una coreografía en diez minutos. Por parejas, individual, con telas y sin ellas, ha habido lugar a todo. Y lo mejor, no nos ha faltado la sonrisa a ninguno. Claro que cuando se trabaja con Anna, es imposible no sonreír.
Hemos cantado. ¿Cuánto? Lo indecible. Hemos cantado muchísimo, en español y hasta en hawaiano, por lo agudo medio ahogados, o imitando tristes pulpos con ocho brazos pegados a la cabeza. Hemos hecho cánones imitativos a dos y tres voces, con dinámicas en crescendo y estrechos muy estrechos. Hemos medido la música y sentido su pulso, algo que para los músicos es obvio y normalmente innato, pero me fijaba en los compañeros y veía como poco a poco iban entendiendo qué es eso del pulso interno, de las frases de ocho compases e incluso los compases binarios de subdivisión binaria (¡ahí ya es meterse en terreno complicado!). Pero lo han sentido, y decían que no sabían contar música. Pero es que la música no se cuenta, se siente. Y ellos, la han sentido.
Hemos creado arte no solo con el sonido o su expresión corporal, sino arte plástico. Hicimos los personajes del teatro que representamos, todos ellos con materiales de reciclaje o material fungible que todos tenemos en nuestras aulas. Qué resultados más vistosos! Ahí tengo que decir que el buen hacer de Juan Vivancos fue de gran ayuda. Él es un maestro de infantil rodeado de seños, que es lo que caracteriza a esta etapa, y de ahí tal vez le venga su dulzura y calma. Un placer para los sentidos escucharle hablar y narrar sus experiencias en el aula. Me encanta la conexión que procura mostrar a sus alumnos con la naturaleza. Y es que en un mundo de plástico y hormigón, a veces nuestros niños se olvidan de la hierba o el barro. Gracias Juan por entender así la educación de los más pequeños.
Y así bailamos, y cantamos, y pintamos y representamos. Porque finalmente, grabamos todo el teatro, con sus diálogos y sus danzas, sus cánones y sus animalitos. Y disfrutamos tanto y aprendimos tanto que el fin de semana se fue volando.

Pero las vivencias experimentadas se quedan, las risas perduran, y las enseñanzas no se olvidan. Porque cuando algo se siente y se vive, te cala por dentro, y cuando un Maestro (así, con mayúscula) como Anna comparte contigo su ser y su vida, solo te quedan ganas de que algo se te pegue y mañana lleves un poco de su magia a tu clase y encandiles a tus niños igual que ella he hecho con este grupo de niños ya no tan niños.
Y antes de terminar, no puedo no nombrar a Mauricio, uno de esos profesionales con vocación, que cree que una educación basada en el alumno es una realidad, en que poco a poco y gota a gota pondremos a la música en el sitio que se merece y no al que le estamos relegando.

Gracias y más gracias a esos compis simpatiquísimos y llenos de energía, y gracias a esos docentes apasionados que día a día comparten su vida y obra con los demás.

Mi viaje llega a su fin y mis dos fierecillas me esperan en el andén. Después de un fin de semana intenso, nada más bonito que el abrazo de los tuyos...

Hasta la próxima entrada! Hasta siempre compañeros!