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sábado, 21 de abril de 2018

Inteligencia emocional: el rincón de la paz

Si hay algo que me ha hecho reflexionar a lo largo de estos años de docencia, es
la importancia del estado anímico de un individuo para desempeñar correctamente su labor. Dicho así parece una obviedad, pero si eso lo pasamos a la realidad del aula, podemos entender que un alumno que emocionalmente no está bien, se encontrará con serios obstáculos para su desenvolvimiento en el aula.

De ahí me planteé la necesidad de comenzar a indagar en la inteligencia emocional, a ver por dónde iban los tiros. Y si, encontré uno de los pilares sobre los que asiento mi metodología, ya que trato de que todos los alumnos, sin excepción, se sientan a gusto y ubicados. Pero, ¿qué podemos hacer como docentes para que ese alumno en concreto que parece estar ido, o el eternamente triste o el que está tan nervioso que es incapaz de parar un segundo puedan sentirse mejor?
Para mi, la clave radica en que se entiendan a sí mismos; dicho de otra manera, comprendan sus sentimientos, sepan qué los provocan y cómo pueden autogestionarlos. Y es que en muchas ocasiones, ni los adultos sabemos ponerle nombre a lo que sentimos o describir con palabras qué nos ocurre. 
Tarro de la calma 
Por ello, decidí el curso pasado preparar unos contenidos de inteligencia emocional para integrar poco a poco en la vida cotidiana del aula. Casi de manera desapercibida, pasaron a formar parte de nuestro día a día. El rincón de la paz, el tendedero de la gratitud, y el elemento estrella: los PowerPoint que con tanto esmero les preparaba semana a semana. Os cuento un poco uno a uno.

El rincón de la paz es un espacio precioso del aula: dejad volar vuestra imaginación y conseguiréis un lugar íntimo y cálido en el que los alumnos se sientan a gusto. Yo he puesto dos cojines en un rinconcito menos iluminado, con una cestita de mimbre que contiene un tarro de la calma, una vela led, un reloj de arena y una cinta para pulseras. Cuando dos compañeros tienen una confrontación, van voluntariamente al rincón de la paz y disponen de un tiempo marcado por el reloj de arena (unos cinco minutos) para solventarlo. Obviamente, no pueden disponer de todo el tiempo que quisieran, ¡puesto que algunos pasarían allí media mañana! Una vez han resuelto su problema, sellan su amistad colocándose mutuamente una pulsera atada a la muñeca, que les haga recordar que la amistad no debe romperse nunca.

El rincón de la paz 
El tendedero de la gratitud es un elemento muy vistoso, sencillo y que les encanta: una cinta bonita de pared a pared, con mini pinzas de colores, en la que cada uno cuelga sus reflexiones, de carácter positivo y mostrando agradecimiento (de ahí el nombre) por cosas que normalmente los niños no se paran a pensar: tener un plato de comida caliente a diario, un techo bajo el que dormir,...Es fascinante ver qué profundos pueden llegar a ser en sus reflexiones cuando se les incita a ello.
Elementos del rincón de la paz 
Y lo que aguardan con más ansia: el trabajo cooperativo que hacemos sobre Emocionario. Creo que el libro es simplemente maravilloso, y por lo que puedo comprobar día a día, los alumnos también lo ven así. Pero junto a sus hermosas láminas, las cuales he descargado de la propia web de la editorial, preparé una presentacion de PowerPoint en las que las láminas se suceden lentamente acompañadas de música evocadora.

Y eso es lo me propuse principalmente: encenderles la chispa de la emoción, del sentimiento, no de la mera existencia irreflexiva. No hay por qué esperar a que sean mayores, a que en el currículo pongan una hora dedicada a este contenido, a que como docentes hagamos un súper máster que nos enseñe a ello. Hay que hacerles sentir y pensar, profundizar y reflexionar, moverse y conmoverse por si mismos y por el mundo que les rodea.

Comprender qué nos hace sentirnos de una manera concreta,
qué necesitamos cuando nos sentimos de una manera determinada e identificar si nos gusta lo que sentimos o no, nos hace conocernos a nosotros mismos, nos ayuda a canalizar nuestro comportamiento y a desarrollar la capacidad de adaptación a distintos ambientes y situaciones. Y en eso consiste, bajo mi punto de vista, el origen de la felicidad: la capacidad de adaptación a todo
aquello que la vida nos va deparando, tratando de sacarle siempre el lado positivo, minimizando el lado negativo, e intentando sacar provecho de toda experiencia vivenciada por uno mismo.

El tendedero de la gratitud


Y tú, tienes algún rinconcito especial en tu aula? Trabajas la inteligencia emocional con tus niños?